El viento puede aparecer en ráfagas canalizadas entre edificios, desestabilizando equilibrios y volando material. Coloca biombos bajos o plantas robustas como rompe vientos, ancla pancartas y evita posturas arriesgadas. Si el ruido del aire distrae, usa instrucciones más visuales, secuencias de base amplia y pausas para respiración que reconecten a todo el grupo.
El asfalto y la membrana de la cubierta absorben calor, elevando varios grados la temperatura real. Programa clases más tempranas o al atardecer, ofrece sombrillas móviles y pide a los alumnos que lleven agua y protector solar. Prioriza transiciones lentas, alterna posturas de pie con suelo y vigila signos de sobrecalentamiento para intervenir con rapidez.
Chubascos breves pueden volver resbaladizas las superficies y comprometer visibilidad y confort. Define un umbral de gotas por minuto o reflectividad del radar que active reprogramación. Mantén a mano toallas absorbentes, fundas para equipos y una secuencia corta de movilidad bajo techo, para convertir un imprevisto en una experiencia cuidada, sensata y memorable.